viernes, 1 de mayo de 2009

03725



Lo malo de esta forma de vida es que lo puedes pasar mal casi con
la misma intensidad que cuando todo es... sublime.


Respiré medio minuto -o quizás veinticinco, qué sé yo- antes de empezar a escribir. Sé que era la irrealidad del insomnio mezclada con la hora tardía, y todo ello aderezado con sudor, pero entonces, en aquel instante, yo me sentía Tóxica y Viva.

Tóxica, porque un cúmulo de sensaciones me oprimía y podía ser hasta corrosivo si las hubiera dejado salir. Y Viva, porque es en momentos como ése, cuando su olor impreso en mi cuerpo enmascara el oxígeno, y el tacto de su barba sigue enredado entre mis dedos, cuando más consciente soy de lo pirotécnico de mi interior.

Pero me sigo preguntando si he creado un cosmos aparte. ¿Será cierto mañana lo que hoy creo? ¿Existe toda esta pólvora en algún otro sitio que no sea mi imaginación?
De repente, todo es circunstancial. Ahora lo sé, y me lamo las heridas. ¿Las lamerá conmigo?... Me da igual. Ahora mismo está todo flotando, y la importancia no está adjudicada. No sé qué tengo y qué no, ni qué es real o irreal. Hoy vivo en relativo, y no hay verdades absolutas porque hoy no me apetece buscarlas.

Y estoy satisfecha con haber visto a la lluvia mimetizándose conmigo, con él y con las hormigas, con haber oído el sonido de las gotas golpeando los tejadillos del aparcamiento, con más fuerza cuanto más me besaba, con furia creciente ante los mordiscos y los suspiros. Le robo ese momento al mundo, y antes de que se haga circunstancial lo guardaré en el tarro. En Conserva, con su forma de ponerse las lentillas, el bunker, la P de Parker, el vienés, el 'nuit et jour'...

Hoy no, pero otro día sí necesitaré una verdad.

jueves, 16 de abril de 2009

Sensalcohólica

Tengo una camisa de pijama que no es mía. Sus rayas, sus botones y su olor evocan una cama y un cuerpo que tampoco son míos. También evocan todo lo que he contenido, lo que no he hecho, lo físico, lo verbal, todo. Pensé demasiadas cosas, y quería demasiadas cosas... erróneamente. Aún no llega mi momento. Mi momento de no medir mis palabras, de no acortar mis caricias ni vallar mi imaginación. Todavía no puedo dejar de frenarme, no puedo dejarme llevar del todo, porque sería demasiado. A veces creo que ya es demasiado con límites. Aún no puedo andar descalza por la sinceridad, porque todavía hay cristales...

Y mientras espero a que llegue el momento, voy conteniendo mi incandescencia: me emborracho de ideas volátiles y deseos etéreos, de caricias sin piel y pensamientos mudos, convirtiéndose el letargo de esta espera en una eterna resaca.
Yo lo que quiero es emborracharme de hechos y realidades, de texturas, de sonidos, de respiraciones arrítmicas y aceleradas, de pieles erizadas, de palabras altas en decibelios, de sonrisas en las miradas. De satisfacción.

Porque quiero masticar las risas, beberme los ojos en los que se pueden leer las locuras y oler las caricias que sólo se ven cuando no hay luz. Porque no hay botella que me dé todo eso. O porque la hay pero no la sé descorchar...

martes, 17 de febrero de 2009

Es el limón...

Es el olor del ángulo que forma tu cuello con tu hombro, cuando te giras para dormir.
Es el atrevimiento. Es saber que la pregunta no es un por qué, sino un por qué no*.
Es preguntarme qué me dirá la lluvia si me da por girar al contrario de la Tierra cuando te huelo.
Eres tú acariciándome la barriga, y yo quejándome.
Son grabaciones, son hojas de papel, son estupideces que se quedan entre los libros.
Es el pataleo cuando me muerdo la lengua.
¡Es cuando tú picas y yo grito!
Es una chispa. Es cuando sonrío y te hablo cuando duermes.
Cuando le explico al aire lo que no puedo explicar.
Es un temblor que remueve un café vienés...
Es mi tarro de conservas, lleno de papeles que guardan todo eso: guardan la sonrisa, guardan la rabia, guardan los "sí", los "no", y mis gruñidos a todos los "no".
Son las estúpidas gaviotas volando tan bajo...
...¿qué sabrán ellas?

domingo, 28 de diciembre de 2008

Del miedo y la pirotecnia

Og, te tengo que contar...
Hay tantas cosas que no digo, tantas cosas que luego pasan de largo y ya... ya no vuelven. Su momento se esfuma, como el olor de las cerillas, y si no las digo en ese chispazo... no puedo olerlo.
Y adoro ese olor. Huele al atrevimiento, huele a adrenalina, huele a la sonrisa que se nos dibuja con la valentía.
Pero Og, me da miedo prenderme, porque...¡hay tan poca diferencia entre prenderme y perderme!
Y así, temerosa, voy caminando entre los momentos adecuados, como un fósforo miedoso, evitando las chispas. Están ahí, como farolillos alumbrando las calles, paso uno, y otro y otro... Yo los miro, los contemplo, y me gustan mucho. Y sé que si me atrevo a arder será fantástico, porque ya lo he hecho, lo he sentido.

Y es... como los fuegos artificiales.
Ahí está lo que me hace falta, la chispa. Me acerco a verla muy de cerca y se me acelera el pulso. Me acerco más, más, un poco más todavía. Dejo que me toque y entonces...
Me prendo, me da un escalofrío y me veo elevarme en un instante, casi da vértigo y se contrae la respiración; llego muy, muy alto, y cuando freno, por un momento todo se apaga... y queda la expectación... ¿de qué color? ¿de qué forma? ¿de qué tamaño?
En el silencio me pongo nerviosa, me muerdo los labios, y mantengo los ojos muy abiertos, en guardia... Y cuando dejo hasta de respirar...¡Bam! Oigo una explosión que hace que se me cierren los ojos y apriete los dientes! La noto en el estómago, en las piernas, en los brazos, dentro de mi cabeza...
Y cuando abro los ojos, estoy dentro de esos fuegos artificiales, en el centro, rodeada por todos los destellos y colores. Los toco y me hacen cosquillas, y siento que me entran por el dedo índice y reptan por el interior, como si fuera una mecha encendiéndose, encendiéndome a mí...y el estallar es mi risa, y empiezo a reírme, a reírme mucho, y aunque intento no parpadear para no perdérmelo, se me cierran los ojos con la risa...
Ahí me encuentro, flotando en el aire, en el centro de una esfera de destellos, de luces, de colores, de formas , de ondas, de sonrientes calambres... Me encanta.


Og... ¿tienes un mechero?

viernes, 21 de noviembre de 2008

#4

Me lavo los dientes, le sonrío al espejo y me voy a la cama tarareando. Como siempre. El nórdico "siloueta de asesinato" me espera tan suave como siempre, y al apagar la luz digo "mmm" como todas las noches. Por fin... la oscuridad, el silencio, descansar...
Me doy un par de vueltas en la cama, disfrutando de esos momentos de antes de dormir. Como siempre. Se me van cerrando los ojos y me voy relajando, hasta que ya no puedo volver a abrirlos. Como siempre.
Pero entonces, cuando los párpados me pesan demasiado y mi mente está entre el sueño y la vigilia, todo cambia. Siento calor, y siento frío... Y hay algo más. Algo que me toca, que me da escalofríos.
Lo siento en la espalda. Al principio parece que sólo me acaricia, es suave y calmado, me relaja... Pero luego empieza a tocarme de otra forma. Me rodea por los lados y se va haciendo más intenso. Lo siento como si me agarraran de la cintura, para estarme más quieta y así tocarme mejor. Me acaricia y me hace cosquillas, pero no de esas cosquillas que dan risa incontenible y hacen que patalees, no... de las que hacen que la piel arda y tiemble la mente.
Me pone nerviosa.
Estoy nerviosa, y un poco tensa... Pero no quiero que pare. Me gusta. Quiero que siga.
Y sigue. Claro que sigue, porque en realidad es todo mi imaginación... y mis ganas de que no sea sólo mi imaginación.
Y sigue, y me acaricia la barriga, y yo me erizo, y se me arquea la espalda. Noto chispas eléctricas donde me toca. Como en los días húmedos, cuando rozas a alguien y te da una pequeña descarga.
Quiero que siga. Que me acaricie las piernas.
Y sigue, y baja por mis piernas, y sube hasta mi pecho. Toca mis pezones y siento esa mezcla de frío con fuego que los endurece... y mi respiración cambia.
Es como un halo de aire caliente, de un color extraño, y cuando me toca le salen dedos y se extiende como si fuera un líquido, que brota del aire y se derrama al tocarme.
Me toca los muslos y tiemblo. Sube a mi cabeza, me toca el pelo, el cuello y las orejas. Y allí me dice algo... pero no sé qué. Nunca sé qué dice. Pero sentirlo en la oreja me hace temblar.
A la vez, me acaricia las piernas, y las toca por dentro, y todo empieza a ponerse borroso cuando avanza, y ya no son caricias. Ya es otra cosa. Es algo que me hace sudar de noche aunque haga frío, que a veces me roba un gemido, que respira en mi oído y tiembla comigo. Tiembla conmigo porque soy yo, porque es mi imaginación. Y cuando siento lo que siento... tiembla mi mente y todo lo que hace. Y todo se queda temblando en el aire si el halo escala por mis piernas, o si me toca un pezón con hambre.
Empiezo a perderme, y me envuelve, y yo le dejo que me recorra.
De repente me toca más, me busca más, y yo lo siento más. Mucho más. Sube entre mis muslos, despacio, asegurándose de que lo noto... hasta que consigue que no sienta nada más que eso. Ni la ropa, ni las sábanas, ni la cama, ni el tacto de la pared al apoyar la mano. Sólo siento eso, ese calor que juega conmigo y en mí, ese tacto que no existe, pero que me agita como un cascabel. Aunque no esté. Aunque yo no pueda tocarlo.
Pero si echo la cabeza para atrás, se hunde y me toca por dentro... Y aunque yo sé que no es real cuando despierto, me hace sudar cuando estoy dormida. Si no lo pienso, si me dejo llevar, si le dejo hacer... Vuelo.

domingo, 26 de octubre de 2008

¿Qué has hecho hoy?

¿Hoy? Hoy he llorado un poquito más que ayer...

sábado, 15 de marzo de 2008

Gallows Hill

“ ‘Louis, it’s… it’s absinthe! Too much absinthe!’ he gasped. ‘She’s poisoned them with it. She’s poisoned me. Louis…’ […] ‘Stay back!’ she said again. And now she slid off the couch and approached him, peering down into his face as he had peered at the child. ‘Absinthe, Father,’ she said, ‘and laudanum!’ ”
Anne Rice


Se levantó desnuda de la cama, cruzó la habitación y se cubrió con una manta de color pardo que parecía haber aparecido allí sólo para ella. Cada paso descalzo causaba un eco en su cabeza que se confundía con su lento latir.
Se sentó en un rincón, apoyada contra la pared, e intentó recordar qué había pasado hasta entonces. Por la ventana vio las calles guardando silencio de madrugada, sólo roto por unos pasos que sonaban dispersos en la habitación. En su cabeza sonaba Avondale, y los espasmos de su cuerpo extraño hacían parecer que estuviera bailando. Sufría espasmos a la misma hora desde hacía meses, desde que empezó a dormir en esa habitación.
El sol empezó a brotar entre las rendijas de la persiana de madera, atigrando su cuerpo, ahora tendido en el suelo. Con cada espasmo una imagen, una caricia, un recuerdo involuntario.

Bum, un cuerpo la abrazaba.
Bum, unas manos recorrían toda su espalda, sigilosas como una araña.
Bum, arañas pasaban por su cintura.
Bum, su cuerpo se arqueaba.
Bum, unos labios rozaban su oreja.
Bum, Avondale.
Bum, Avondale.
Bum, arañas en su pecho.
Bum, sudaba.
Bum, toc.
Bum, hah.
Bum, toc.
Toc.
Toc-toc.
Abrió los ojos. Los espasmos se habían ido, y Avondale, y el cuerpo.
Toc-toc.
Miró hacia la puerta. La sombra de alguien se colaba por debajo. Se levantó y fue a abrir, pero se detuvo. Vio que la sombra cambiaba, y vio aparecer un papel por debajo de la puerta. Después… después la sombra se marchó.
Cogió el papel y sintió un escalofrío. Respiró profundamente y se alarmó; había reconocido algo. Olió el papel y cerró los ojos. Cayó sobre la cama mientras inspiraba profundamente. Era un olor familiar, algo que conocía pero que no acertaba a recordar. Abrió los ojos, desdobló el papel tres veces y vio algo escrito.
Sistrum.
Sus ojos se congelaron. Su corazón se paró. Entonces lo recordó. Soltó el papel. Se tocó el cuello, el hombro, la nuca. Notó entonces algo extraño, como una cicatriz. Se miró en el espejo y la vio... la flor de lis.